Fiaca
Marzo 10, 2009
Estoy algo vaga, con muchas escrituras por otros lados y la energía vertida hacia adentro.
Hace unos días que este espacio registra sólo dos entradas, y eso es un indicador de que cuando el blog duerme los lectores son buenos y lo dejan.
Volveré cuando tenga ganas y algo qué decir.
Extrañamiento extremo
Febrero 17, 2009
Estoy empezando a padecerme. Creo que algunas posibilidades que la vida abre para mí me dan un miedo raro y hacen que mi torpeza me juegue en contra. Me angustia no darme cuenta en qué instante las decisiones que tomo son inconvenientes, tontas, recontrapelotudas. Si pudiera volver atrás el tiempo (y no, no soy la guionista de Lost) no haría todo igual. Al menos intentaría no dejarme asustar por mis propios cucos y fantasmas y mieditos. Me gustaría haber podido confiar menos en mí y más en vos. Quisiera, a veces, no haberte querido.
DESCANSO
Enero 3, 2009
Empiezo el año nuevo a nuevo ritmo. Descanso un tiempo. Volveré. Casi seguro. Saludos y besos.
Feria americana
Diciembre 23, 2008
Me gusta comprarme la ropa en alguna feria americana. Usada tiene un plus, algo que me atrae. Y en los últimos tiempos creo que ando necesitando algo de cobijo. Reviso mi ropero y creo que todo lo que cuelga de mis perchas parece prometer más bien tangencias instantáneas e inmediato retorno a la intemperie. Quiero un tapado donde anidar, necesito imperiosamente poder abrocharme hasta el último botón, ponerme al abrigo de lo que más temo. Estoy convencida, por experiencia, que a veces un cachito de tela puede ser la más mórbida y eficaz armadura.
Le sospecho a la ropa usada una memoria, y eso la hace única. Mi tapado nuevo tiene que estar esperándome en alguna feria americana. El recorrido exige paciencia y sutileza, no es cuestión de conformarse con cualquier cosa. Un buen cortejo es siempre mutuo y minucioso.
Será un placer indescriptible reconocernos: cuando me lo pruebe voy a saber instantáneamente que ese paño será capaz de interponer entre mi ropa y la aspereza del mundo, un contorno más terso, más resiliente, menos hostil.
El vendedor a veces conoce la historia de esa prenda, y si eso no pasa, soy capaz de inventarle una a medida. La pista está en la hechura, en los pliegues. Esta vez fue así: primero me topé con uno que me fascinó: entalladito, aire cabaret alemán años ‘30, mezcla sutil de marcialidad y atorrantez. “Justo”, pensé. Pero cuando me lo puse no encastramos. Descubrí en el fallido intento que a veces el disfraz resulta tan develador como la coraza. Desde otro local me miró una campera naranja, “el color dará, seguramente, ánimo a mi espíritu”… no. Al probarla descubrí con horror que los bolsillos eran de mentira, que eran agujeros al piso, que dejarían escurrir sin reparo cualquier secreto. Y hoy la cosa no está para andar regalando lo poco que nos queda.
Una amiga siempre me dice que le impresiona pensar que la ropa usada puede haber sido de alguien que está muerto. A mí me deleita pensarle un dueño. Creo que las almas más interesantes no están esperando emboladas, en el limbo, por su carne seguramente marchita sino que les gusta más darse una vuelta por estos negocios a la espera de un cuerpo que les convenga. Estaba pensando todo esto cuando de golpe lo vi.
Un saco azul como lo más profundo de algún mar. Ya en la percha se le notaba la estirpe, buena caída, escondite perfecto. Sin duda la dueña anterior había sido una mujer valiente… una que se decidió a cambiar de piel, y vendió este saco que ahora me calza a mí como un guante.
La pechera cruzada es un regio escudo. Lo uso todo el tiempo, lo disfruto … y cuando estoy trabajando, o en un bar, lo cuelgo del respaldo de mi silla y conversa con mi nuca. Yo, feliz, cuando me lo pongo siento ceñirse a mi cuerpo el aura de aquella mujer que imagino capaz de hacer lo que quería. Con la osadía de declararle su súbito y fugaz amor a cualquiera sin prometerle nada a cambio. Debe haber sido una mujer interesante, curiosa, sin miedos ni vértigos.
Y bueno, es cierto, quizá mi saco azul profundo sea sólo un ilusorio quitapenas. ¡Qué más da!, en todo caso no habrá de contagiarme ninguna pulga, sino más bien me haga recuperar la memoria y entonces yo también sea lo suficientemente valiente como para venir y revenderlo.
princesa estrellada.
Diciembre 8, 2008

Huir
Noviembre 28, 2008
Huir. Abandonar la casa, todo lo que se tiene, dejar a los perros sin collares; quemar la huerta, los árboles, los libros; derrumbar el muro; correr, correr hacia la montaña y volver la cabeza apenas un segundo para ver las puertas abiertas y las ventanas sin pestillos golpeando las paredes al capricho del viento. Dejarlo todo. Iniciar una fuga que sea un viaje sin retorno; construir trincheras a cada paso en el camino que dejás a tus espaldas; viajar tan lejos como permitan las piernas y no parar, no descansar hasta que nada en el paisaje recuerde lo tuyo, hasta que todos los rostros sean extraños, hasta que las lenguas sean ajenas, hasta que los iris sean opacos a tu luz.
Ser camaleón entre las multitudes; ser mudable siempre para uno y el mismo para todos los otros, alcanzar la ataraxia en la invisibilidad. Tener la cualidad del Pájaro palito para imitar la textura y trabazón de los ramales, y mudar la piel ante las pieles ajenas y quitarse los ojos ante las urracas. Borrar las huellas de los dedos, limar las cicatrices, diluir con ácido los labios y la frente: buscar no ser entre quienes viven. Ser crisálida irreconocible en la metamorfosis.
Huir. Abandonar el cuerpo y el cerebro en una cama. Hurgar en una brecha hasta alcanzar los sesos y destruir pormenorizadamente cada recuerdo maldito y cada célula podrida. Huir de todo el peso insoportable de tantos haces de neuronas conectadas. Entrar como en un bálsamo en el laberinto y cortar el hilo y despreciar a Ariadna. Entregarse a los dragones, pedir ser devorado por el monstruo para evitar la espera. Huir, si acaso, hacia la infancia más temprana: poder taparse los ojos con las manos para que las brujas se evaporen y el futuro sea de nuevo un juguete.
Amanecer como un náufrago. Ser robinsón de sí mismo; la isla, un muro circundante para alcanzar el sueño: dormir, dormir sin miedo, dormir sabiendo que no hay barco ni avión que vaya a dar con el peñasco. Morir allí para que tus huesos no viajen más allá del vuelo de una gaviota, y no haya plano ni mapa que permita encontrarte. Matar a Viernes antes de nombrarlo si se acerca.
Huir. Olvidarse de cómo huelen los árboles y la casa; olvidar el sabor de los gusanos y las semillas, arrancarse la lengua para enterrar el gusto agrio y terrible de la arcilla, olvidar cómo explotan en la boca los ojos de los peces al morderlos. Partir, partir.
Pero quedarse.
Campaña online
Noviembre 27, 2008
Me parece una buena idea que la campaña on line para divulgar el uso de preservativo. El año pasado hubo una versión en la tele, que trajo sus quejas, pero que estaba buena. Ahora directamente decidieron que el público al que se dirigen usa intensamente internet, así que todo puede verse acá:
www.trikitrikibangbang.com.ar
Está la música en varias versiones de géneros, y unos videitos con “demostraciones” prácticas de cómo ponerle el preservativo con la boca a tu pareja, etc…..
Miércoles
Noviembre 26, 2008
A veces creo que lo soñé. Tal vez porque me hace sentir que estoy pisando arena movediza, que nada es lo que parece ser, que todo podría desvanecerse en cualquier segundo. Pienso, de golpe, súbitamente, que se divierte conmigo, que me prueba, que le gusta darse cuenta cómo me tiene, que disfruta con eso. Hoy mientras desayunaba pensé que las fotos le deben haber parecido feas.
Manga, otra vez
Noviembre 24, 2008
En los días que estuve en Fráncfort me intrigó muchísimo el fenómeno del Manga japonés. Estoy leyendo algunas cosas porque creo que es algo más que lo que vemos como divulgación. Tiene que ver con la representación modalizada de eso que la modernidad llamó, hace como cuatro siglos, infancia. Hay una lectura oriental de lo que occidente considera ingenuidad y pureza que merecen, por cierto, al menos algún detenimiento de la mirada.
En un encuentro reciente con Gastón Burucúa, historiador del arte, él habló del nuevo repertorio icónico, de la renovación de cierto canon. Y creo que tiene razón, que está bueno conocer qué imágenes nos circundan y que nos dicen. De algún modo lo que miramos dice algo de las emociones que van modelando nuestra cultura.
Hay dos cuestiones en la producción actual del manga japonés, por un lado todo lo que circula informalmente o mejor, la obra de realizadores amateurs y muy jóvenes. Esas obras, muy ricas y diversas en cuanto al contenido y los materiales circulan entre grupos de fans que consitituyen circuitos reconocimiento alternativos a los canones institucionalizados del arte pero que actualmente son vastos y dinámicos. Supongo que en esa cantera de artistas se nutre la increíblemente poderosa industria editorial (gráfica) del manga. Otro de los aspectos sumamente interesante es cómo esta iconografía japonesa ha impregnado occidente, en particular entre los más jóvenes. Muñecos, ropa, disfraces, accesorios de todo tipo para la variante performativa del Manga (eso que recupera del teatro japonés) es increíblemente próspera en europa. Finalmente, como sucede siempre, algunos han logrado hacer del fenómeno Manga una renovación interesantísima y lucrativa del pop; entre ellos el Warhol Takashi Murakami.
Las fotos de T. M. son Brian Forest y Kazuo Fukanuga. Las otras son mías, sacadas en Fráncfort.

Esta última imagen: Lonelycowboy
Buenos Aires – Hiroshima
Noviembre 22, 2008
Acabo de ver una parte de “Hiroshima, mon amour” de A. Resnais. El guión, maravilloso, es de Marguerite Duras. Sólo las primeras escenas, esas donde dos argumentos imposibles intentan conversar. No hay conversación posible. A la vez la imagen inicial y poderosa con que abre la película me resulta perturbadora -y la ví al menos unas cinco veces-. Cuerpos ensamblados, cuerpos que dicen otra cosa que las palabras. No sé, hoy veo otras cosas, pienso otras cosas, escucho cosas que no oí antes. El zoom se aleja y el revoltijo es un encastre casi perfecto. Eso, hoy, me parece una promesa.
Ella. — … Y te encuentro a ti.
Te recuerdo.
¿ Quién eres ?
Me estás matando.
Eres mi vida.
¿Cómo iba yo a imaginarme que esta ciudad estuviera hecha a la medida del amor?
¿Cómo iba a imaginarme que estuvieras hecho a la medida de mi cuerpo mismo?
Me gustas. Qué acontecimiento. Me gustas.
Qué lentitud, de pronto.
Qué dulzura.
Tú no puedes saber.
Me estás matando.
Eres mi vida.
Me estás matando.
Eres mi vida.
Tengo tiempo de sobra.
Te lo ruego.
Devórame.

